Strolling in Storyland

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Una francesa en Nueva York

on September 17, 2018

Prólogo

Una francesa en Nueva York-Cover

–Vale, ya está. ¡Ahora, date prisa! –exclamó la maquilladora–. Tienes que salir en dos minutos. ¡Ni se te ocurra volver a estropearte el maquillaje!

Maude salió corriendo, intentando no tocarse las mejillas recién maquilladas, mientras Matt se apresuraba tras ella.

Se quedó de pie tras el telón escuchando como la animada voz del presentador anunciaba su entrada.

Esta noche, señoras y señores, tenemos una nueva artista con nosotros. Ha pasado estos últimos meses en Nueva York trabajando en su primer álbum. Su primer single ya se ha publicado y es un gran éxito…

–Maude –susurró Matt, mientras le cogía la manga.

–¿Sí? –se giró sonriendo.

–Solo quería decirte que… quiero que sepas que siempre puedes contar conmigo.

–Lo sé, Matt –sonrió, Maude, agradecida.

Su voz les dejará impresionados, su música es espectacular…

–No, hablo en serio. Nuestra amistad ha tenido altibajos, pero no quiero que sea así nunca más.

Maude asintió.

–No me importa que estés con Thomas Bradfield. Mientras tú seas feliz, yo también lo seré.

–¿Cómo? ¿Thomas Bradfield? –le interrumpió Maude, desconcertada.

¡Demos un fuerte aplauso a Maude Laurent! –gritó el presentador.

–Es tu entrada, ¡vamos! –le instó Matt.

Maude dio la espalda a Matt a regañadientes y se apresuró para llegar al escenario.

La intensidad de las luces la cegó al salir al escenario y se encontró con una multitud llena de júbilo. Evitó el impulso de cubrirse los ojos y continuó caminando hacia el oscuro piano Steinway sin detenerse.

Ya había tocado antes en un piano como ese, pero esta vez estaba más nerviosa. Le temblaban las manos y la voz.

Maude se sentó en la silla del piano y miró hacia la multitud.

Estaban todos allí.

James y Victoria, sonrientes como padres orgullosos, estaban cogidos de la mano. Cynthia, tan digna como siempre, intentaba que Ben no se cayese del asiento mientras saludaba enérgicamente a Maude. Jazmine juntaba las manos para mandarle toda la energía positiva que era capaz de transmitirle desde su asiento.

Maude se giró hacia el piano y cantó la primera canción. La había tocado en muchas ocasiones, pero esta vez era diferente. Había madurado, ya no era la misma persona que hacía seis meses, su forma de actuar no era la de una simple adolescente, sino la de una mujer joven que no temía a la vida y que se negaba a arrodillarse ante ella. Terminó la primera canción y se preparó para cantar la segunda.

Pensó en cantar «Amanecer» de su álbum debut, pero se dio cuenta de que no podía tocar esa canción después de todo por lo que había pasado. Maude dedicó la segunda canción a sus padres, «Coming Home» de John Legend.

Respiró hondo y empezó a cantar:

 

Un padre que espera a su hijo,

Una madre que reza para que regrese,

Solo llamo para saber

Si todavía hay sitio para mí.

La vida nos ha separado,

Pero os llevo todavía en el corazón.

Cuando duermo y siento vuestra alma junto a mí.

 

Mientras tocaba, fue consciente del dolor que había guardado durante años. Sus padres habían muerto y se habían ido para siempre, pero ella aún estaba viva. El intenso dolor que la afligía también le daba la fuerza necesaria para cantar con claridad, superar sus miedos, controlar el temblor inicial de sus dedos y hacer que sus notas resonaran entre la audiencia.

 

Puede que tarde en volver,

Parece que ya he estado en todas partes,

Pero algún día regresaré a casa.

El mundo gira y gira,

Oh, es un ciclo que nunca termina.

Así sabéis que volveré a casa.

 

Su voz resonaba como el agua en una fuente, fluctuaba con profunda emoción a medida que la canción deshacía sus dudas, ahogaba sus inseguridades y desembocaba su dolor en un precioso mar de esperanza.

Maude terminó la canción y colocó con cuidado las manos sobre sus rodillas.

–Lo conseguí –murmuró suavemente para sí misma.

La multitud rompió en un estruendoso aplauso. Maude podía oír los silbidos y el clamor de la multitud. A medida que caminaba hacia el presentador, entrecerraba los ojos para evitar las intensas luces, entonces vio la multitud a sus pies, vitoreando y diciendo su nombre.

Maude sonrió y saludó al presentador, un hombre alto de nariz prominente y una amplia y calurosa sonrisa.

–¡Vaya! –exclamó. Este presentador era conocido por su entusiasmo, aunque, en realidad, había pocos presentadores de TV que no lo fueran–. ¡Ha sido increíble, Maude!

Maude rio aliviada de volver a respirar a un ritmo normal.

–Dime una cosa, Maude –le dijo con tono informal–. ¿Cómo una chica de dieciséis años, que ha crecido en el norte de Francia, ha acabado pasando seis meses en Nueva York grabando su álbum debut con una de las estrellas más conocidas del pop?

–Eso es, sin duda, una pregunta muy interesante –respondió ella, sus oscuros ojos brillaban con picardía.

*****

El libro está disponible  en Amazon!

 

 


2 responses to “Una francesa en Nueva York

  1. Linda Fast says:

    Sounds like a fantastic read!

  2. Good reads.. keep it up

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